¿Qué son los aranceles?

 

Aranceles

Los aranceles son un tipo de barrera comercial que puede tener dos formas: un impuesto que se aplica a las importaciones de los productos cuando entran al país, elevando su precio final o una cuota de volumen máxima permitida en el país para una determinada mercancía. La función de los aranceles es doble: por un lado, actúan como una fuente de ingresos más del Estado, y por otro, protegen determinados sectores de la economía interna cuando determinados productos extranjeros entran a competir con la producción nacional.

De este modo, los aranceles proporcionan a la producción interior una ventaja competitiva frente a los productos que vienen del exterior. Los países parte establecen compromisos entre ellos, eliminando o reduciendo algunos aranceles y aumentando otros, o poniendo tarifas preferenciales para que los productos que se acuerdan entre las partes tengan un tratamiento preferente.

Además, los aranceles ordenan la mercancía, la clasifican y la valoran en función de los diferentes gravámenes, para así controlar la entrada de productos de acuerdo con la política de comercio exterior establecida, mientras se registran estadísticas de comercio internacional en el país.

Desde el punto de vista teórico, el beneficio de los aranceles se encuentra en la protección de los fabricantes nacionales frente a la competencia internacional. Sin embargo, en la práctica, los aranceles pueden provocar numerosos efectos adversos a la economía de un país. Debemos partir de la base de que los productos nacionales son de peor calidad o más costosos que los extranjeros, puesto que en caso contrario no sería necesario establecer ningún arancel para orientar la preferencia de los consumidores a los productos naciones. Esta circunstancia implica que los ciudadanos del país acaban pagando más dinero del que deberían, ya sea optando por comprar productos nacionales (más caros de por sí) o extranjeros (con aranceles). En caso de elegir comprar productos nacionales, la productividad del país desciende, al optar por una peor calidad.

Por otro lado, el dinero de más que los consumidores gastan en pagar los aranceles o los productos nacionales más caros se lo dejan de gastar en el resto de sectores de la economía, lo cual supone efectos adversos para el resto de sectores del país superiores a los beneficios que los aranceles aportan sobre el sector que se pretende proteger. Los recursos que se destinan a sectores de por sí ineficientes, con la pretensión de protegerlos, podrían destinarse a otros sectores del país más competitivos, para, por ejemplo, exportar a otros mercados, lo cual crea más riqueza y más puestos de trabajo de los que existen en el sector ineficiente. Los aranceles únicamente benefician a los fabricantes del producto sobre el que recae el arancel y perjudican al resto de ciudadanos del país. Además, la protección que ofrecen a sectores ineficientes es limitada, y a largo plazo menoscaba la competitividad del país.

Es por ello que, a la hora de implementar un arancel, las autoridades se enfrentan a una ardua tarea: establecer la cuantía óptima para, por un lado, perjudicar lo menos posible a los consumidores y, por otro, intentar que las empresas produzcan con las menos ineficiencias posibles.