Europa desorientada, el Brexit ineficaz

La realidad nos muestra que la caída del PIB de Reino Unido del año 2020 (-9,7%), similar a la de España (-10,8%), duplica y en algunos casos mucho más al grupo de países del norte europeo (nórdicos, centroeuropeos y Países Bajos), de los que Reino Unido siempre ha pretendido formar parte en su nivel de desarrollo socioeconómico, aunque esto tiene mucho de mito y menos de realidad desde hace tiempo.

Esto demuestra que el coste del Brexit, disimulado por la pandemia en 2020, ya supuso, por decir algo, más de un 5% del PIB el año pasado, y este año tendrá que reducir sus previsiones por los bajos crecimientos de los dos últimos trimestres. Está claro que sólo les queda recurrir a la parte emocional y populista, ya que la racionalidad económica basada en fotos reuniéndose con los líderes de EEUU, China o India es evidente que sólo puede ser el sueño o delirio de alguien que tiene muy poco afinados sus análisis de la economía real. Reino Unido sigue pensando que su mayor beneficio sólo puede estar en no formar parte de una Unión Europea que transita en el siglo XXI como una especia de ánima en pena, incapaz de reformarse debidamente y sin una orientación adecuada que siente las bases futuras del mantenimiento, defensa y crecimiento de su bienestar, que está cimentado en una riqueza que insiste en dilapidar.

 

Serán necesarios muchos años para reubicar de nuevo a Reino Unido internacionalmente, cuyos costes serán gigantescos, y su reposicionamiento geoestratégico será solo posible a la sombra de Estados Unidos a los que incomoda como a ningún otro país Europa, aunque aún mantiene una posición relevante a nivel internacional y geoestratégico, pero separada del continente.

 

El precio de su ambición

 

Si hubiese permanecido dentro de la UE, el bloque habría sido mucho más relevante en el panorama internacional para poder negociar de tú a tú con las grandes potencias, ya que la Unión por sí sola, tampoco lo consigue por errores continuos e indefiniciones estratégicas que limitan su alcance. Ni Reino Unido ni la UE están acertando en su posicionamiento como grandes bloques, ya que insisten una y otra vez en buscar su irrelevancia. En el caso de la UE, entre otras cosas, por el juego ambivalente que sólo beneficia a unos cuantos, a costa de los demás, que conduce a una Unión sin autonomía en la defensa, que quiere estar en la alianza atlántica, con su tradicional aliado EEUU, pero que a su vez coquetea con China, régimen con el que es evidente, desde hace décadas, que no puede compartir la mayoría de las cosas, pero cuyo mercado le interesa, en particular a Alemania y Holanda, mientras que otros países se ven obligados a pagar en cantidades superiores con déficits los superávits de dichos países.

Así mismo, la UE actúa con Rusia como si no fuera quien es y lo que ha demostrado ser: un país con un alto voltaje peligroso; igual que si China no tuviera el régimen que tiene, y la inmensa crisis que debe gestionar, o si fuera a ser la primera potencia que sólo está en la mente de los dirigentes del país asiático, que de tanto venderla como propaganda interna se la han creído, y de paso se la han hecho creer a una mayoría de poco profundos y fundamentados analistas, que quieren mostrar a EEUU como si fuera una potencia decadente, que ni mucho menos lo es en ninguno de los ámbitos: tecnológico, defensivo, de soft y hard power, demográfico, social, económico, geoestratégico, etc. Estas cabezas pensantes de la UE demuestran de continuo los poco acertados pronósticos en sus análisis, reflexiones y conclusiones que anidan en Bruselas, quizá contagiados por una especie de autorreflexión.

Es como decir: como estoy en decadencia, también lo están EEUU; y como consecuencia de determinadas ideologías necrófilas, basadas en ideas fracasadas y fenecidas, que anidan y se manifiestan en algunos gobiernos europeos, como el nuestro. Irrelevancia geoestratégica Europa, y esto incluye en mucho mayor medida a Reino Unido después del Brexit, ha decidido la irrelevancia geoestratégica, la decadencia frente a la inevitable perdida de importancia relativa que provoca el inevitable ascenso de China e India, y en el futuro de otros países, y que bien gestionada nos debería posicionar en un mucho mejor escenario. Pero no es el caso, ya que la UE parte de una posición estática que no pone en práctica las reformas necesarias, con escasez de ideas para generar entusiasmo, con políticas que dilapidan el poco sector industrial estratégico que permanece, que no acierta a un liderazgo tecnológico, ni en general demográfico, social o económico, que es tan necesario como ha demostrado la pandemia.

 

La UE prefiere mantenerse en altares ideológicos que no siguen ni EEUU, ni China, ni otros, y ha decidido una especie de liderazgo débil, tanto que es casi inexistente. Por tanto, no es liderazgo ni casi nada, en temas menores tipo protección de datos, y ahora pretende una transición ecológica, muy necesaria, pero forzada en plazos y políticas, que está trayendo unos costes energéticos que desperdicia la competitividad “a raudales”, como si sobrara, y otros asuntos menores y menos relevantes en la definición del futuro, mientras los demás lo hacen en tecnología, defensa, industria, y otros sectores donde se encuentra el valor añadido y la mayoría de la riqueza futura.