Brexit – Un callejón sin salida – Articulo en Expansión

Ha llegado el día del referéndum generador de incertidumbre e inestabilidad en los mercados mundiales.

D. Rubén García-Quismondo, Socio Director de Quabbala Abogados y Economistas, discurre sobre el Brexit en un artículo de opinión del periódico económico Expansión en la página 54.

Esperamos que disfruten de la lectura.

 

Expansión, Opinión – 23 de junio de 2016

UN CALLEJÓN SIN SALIDA

La salida del Reino Unido de la UE, si triunfara el Brexit, se produciría en el plazo de dos años. Por tanto nos encontramos con la democracia característica británica, en la que los miembros del mismo partido, sea el conservador o el laborista, mantienen posiciones enfrentadas en público a favor y en contra de la permanencia en la UE. Y un debate que trata de polarizar a la sociedad, frente a un avance del populismo de extrema derecha que resta votos al partido conservador, cuyo primer ministro ha convocado este irresponsable y derrochador referéndum, por no gestionar adecuadamente el euroescepticismo dentro del propio partido conservador, y el incremento inevitable de la extrema derecha y la xenofobia que se está generalizando en el norte de Europa, frente al populismo rampante de extrema izquierda del sur de Europa.

Hay distintas sensibilidades dentro de los países que constituyen el Reino Unido. En Escocia son mayoritariamente favorables a la permanencia, mientras que en Inglaterra la opinión está muy dividida, y lo mismo sucede en los otros dos países que lo componen: Irlanda del Norte y País de Gales. De los 64 millones de habitantes del Reino Unido, más de 53 viven en Inglaterra, un 85% de la población. Hablando sólo de Inglaterra, no del Reino Unido, las opiniones están muy divididas, ya que en Londres se es mayoritariamente favorable a la permanencia, mientras que en otras regiones la división es mucho mayor.

El primer punto que debemos destacar es que de salir un resultado favorable a la salida de UE, esta no se produciría de forma inmediata, sino en el plazo de dos años que se ha establecido para negociar su salida. Sus consecuencia económicas, jurídicas, internacionales, etc. serían tan importantes para el resto de la UE y Reino Unido, que se debería producir una larga negociación que llevará a la desconexión del Reino Unido del resto de la UE como Estado miembro, pero no de todos sus tratados.

Pese a los aproximadamente 15.000 millones de euros que el Reino Unido aporta neto al resto de la UE, las consecuencias, en balance, serían negativas para la economía británica, aun no siendo desastrosas en el corto plazo, sí lo serían en el medio y largo. La pérdida de importancia relativa del Reino Unido a nivel global, y en la UE en particular, sería extrema; pasaría a ser un miembro poco relevante de la comunidad internacional sin remedio, compuesta por grandes países o bloques; UE, EEUU, China e India, formando Reino Unido parte del resto, con una cada vez e inexorable menor importancia, tanto estratégica, como económica, militar y, por supuesto, política.

Los favorables al Brexit ven el mundo de color de rosa: no estar en la UE pero beneficiarse de su mercado de bienes y servicios. Este punto es uno de los que gusta menos en Reino Unido. El aluvión de normativa de la UE, que en su mayor parte no es objeto o no puede serlo, del llamado Opting out (cláusula de excepción) por el que el país puede decidir, en determinados casos, si una normativa de la UE, directiva, es o no aplicable a su territorio. Es el caso de buena parte de las directivas relacionadas con los llamados derechos sociales, en concreto la regulación del mercado de trabajo, derechos sindicales, etc. Esto no quiere decir que los británicos no tengan derecho del trabajo o sindicatos, que por supuesto los tienen, y muy detallados, pero en algunas ocasiones con menores requisitos, o burocracia que muchos de ellos dirían, que el resto de la UE.

Como tampoco gusta y, por tanto, está siendo muy debatido estos días, la llamada burocracia europea (más del 80% del desarrollo legislativo de cualquier país de la UE procede de Bruselas, sea por la transposición a derecho interno de directivas, o para la aplicación como norma interna de los reglamentos aprobados por la Comisión Europea), ajena, hasta cierto punto, a los principios democráticos, por el llamado déficit democrático de la UE, que regula sin un control más directo de un parlamento nacional y, hasta cierto punto, sin tener en cuenta la elección democrática de la población, que es algo especialmente sensible en el Reino Unido, por la fuerte influencia política y económica del liberalismo, y por su refinada y desarrollada democracia participativa. El Reino Unido, no olvidemos, tiene una larga tradición de no pertenencia a tratados de la UE, no sólo por el Opting out mencionado, sino por no estar integrado en el euro; por no haberse adherido al Tratado de Schengen, manteniéndose las fronteras en la entrada de ciudadanos del resto de la UE en Reino Unido y del Reino Unido en el resto de la UE. Algo que también ocurre en otros países como Suecia o Dinamarca, porque no quieren, o en países que no cumplen los requisitos económicos y financieros, como la mayor parte de los países del Este. Otro caso es el de Suiza, que pertenece a Schengen pero no a la UE.

Y aquí surge otra fuente de debate en el Reino Unido: ¿Pueden dejar de ser miembros de pleno derecho de la UE, como ya no lo son de la política monetaria del Banco Central Europeo (BCE), al no tener el euro como moneda, pero firmar un tratado de libre comercio con el resto de la UE? Incluso el extremo: ¿Podrían, como Noruega, aportar fondos a la UE, y aplicar aquellas directivas que consideren beneficiosas, pero no estar obligados? Soy de los que piensan que el Brexit no sucederá.

Rubén Garcia-Quismondo, Socio Director de Quabbala, Abogados y Economistas

 

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